martes, 24 de febrero de 2009

Vulnerabilidad

¿Puede controlarse? ¿Puedo construir mi blindaje cuidadosamente?
¿Soy responsable en gran parte al permitir que me hagan daño?
Todo indica a que sí. Incluso a veces parece que lo estoy persiguiendo.
No sé porqué continuamente me expongo, una y otra vez, a sentir esa puñalada en el estómago, esa especie de mareo nebuloso, esa sensación tan desagradable. Descubro totalmente mi cuerpo, dejo el muro atrás quizás con la idea de que si lo que llega es bueno será más intenso, pero por alguna razón que de momento desconozco, lo agradable no es lo que espera tras esa pared que salto, y así, totalmente expuesta, recibo el golpe con toda su potencia ¡ZASSS!

En fin, será cuestión de tomárselo con humor:





martes, 10 de febrero de 2009

Cerezos en Vilar

Vilar de Tállara se llamaba la aldea donde vivían mis abuelos paternos.
Tenían muchos animales, fincas, muuuchos árboles. En un terreno en el monte tenían unos cerezos. Uno era "mi cerezo". Podía pasarme horas subida en la ramas más altas. En temporada comía y comía cerezas. En la parte baja había una rama que yo siempre utilizaba para saltar al final hasta caer al suelo. Me recordaba a las paralelas de gimnasia deportiva. Cuando me hice más mayor dejé de ir, mucho tiempo, años...
Cuando un día por fin pasé por allí, la rama de la que yo descendía estaba rota, completamente, la habían arrancado, no sé como. Siempre recordaré esa sensación. La primera vez que fui consciente del paso del tiempo y de lo irrecuperable. Lo que me llevo es esa percepción, a veces cuando siento vértigo cierro los ojos y estoy otra vez allí, pequeña y menuda, subida a esas ramas de arriba, tan delgadas que los mayores no podían acceder, tan pequeña que era una parte más de ese árbol y podía dejarme mecer por el viento. Participar del ritmo de ese ser.
Ya no puedo estar allí nunca más, pero lo disfruté tanto que puedo revivirlo dentro de mí mil veces.

[caption id="attachment_24" align="aligncenter" width="500" caption="Cerezo en Galiza"]Cerezo en Galiza[/caption]

domingo, 8 de febrero de 2009

Noches en el bosque

Noche tranquila, noche de pausa, casi como si no hubiese existido el día. Es lo más parecido a desaparecer.
Me molesta que me llamen por teléfono cuando estoy así. Egoísmo de nuevo. Vivir en mundos irreales es mi especialidad, porque son verdaderos. Puedo escaparme cuando quiera aunque a veces me guste volver.
Quiero hacer muchas cosas y no hago nada. Esa es mi sensación hoy. Por eso busco la noche, la oscuridad, la penumbra.
Mi pelo huele a tabaco, al tabaco de mucha gente. Sólo conozco a unos pocos de los que generaron este olor, y siento curiosidad por conocer a alguno más. Pero dios, huele realmente mal.







No sé cuantas veces habré visto ya este film, pero me parece extraordinario.
Maravillosísimo